Reivindicando el rol de la Geografía en el país más sísmico del mundo

. jueves, 1 de abril de 2010

Por Nelson Núñez. Desde esta tribuna he intentado sensibilizar sobre los diversos temas que atañen a la Responsabilidad Social Empresarial y la Sustentabilidad, sin embargo en esta oportunidad he querido volver a los orígenes de mi formación profesional, la Geografía. Durante los años que asistí a la Universidad de Chile, tuve la suerte de compartir con grandes profesionales, a uno de los cuales pretendo hoy citar ampliamente. Lo cito porque creo que su valiosa opinión debe ser conocida mucho más allá de las aulas y el ámbito académico.

De esta manera, me permito compartir con ustedes la gran columna de mi amigo Miguel Contreras, en la cual hace referencia al rol de la profesión geógrafa y afines enfrentad a la realidad evidenciada tras el terremoto.


Cada cierto tiempo nuestra sociedad chilena es sorprendida abruptamente por procesos sísmicos de gran magnitud, sobre los cuales como individuos no siempre tenemos la reacción correcta, quedando la sensación de que cada nueva catástrofe es la primera.

Es así que se escucha, tanto en el discurso público como privado que esta catástrofe no tiene precedentes, que es un cataclismo inédito, que la naturaleza está cambiando y ocurren estas cosas que antes no sucedían. Por otra parte, en discusiones radiales y de internet las opiniones apuntan a que la sociedad chilena está descompuesta, "no es como antes", y que por eso ocurren actos vandálicos que antes eran imposibles de imaginar… Todas estas opiniones son respetables, pero no están realmente validadas por la realidad histórica, sino que responden a imaginarios que nacen de la falta de memoria histórica y al escasísimo conocimiento geográfico y ambiental que tiene nuestra sociedad del territorio que ocupa.

Terremotos como el ocurrido el pasado 27 de febrero son muy frecuentes y periódicos a lo largo de casi todo el país. No es extraño que existan Penco (primera ciudad) y Concepción (ciudad nueva); Chillán Viejo y Chillán Nuevo; y que varias de nuestras ciudades hayan debido refundarse más de una vez debido a los efectos de grandes sismos registrados desde antes de la Colonia. Sin ir mas lejos, a un siglo de fundada (1647) la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo fue arrasada por un terremoto que dejo casi la totalidad de las edificaciones en el suelo. Del mismo modo en la zona de Concepción se registró un sismo el año 1570 seguido por un tsunami de gran tamaño que arrasó las costas.

Por ello, es necesario recalcar que este terremoto es uno más de una serie de eventos naturales habituales, recurrentes y de gran magnitud que han afectado siempre a Chile y que siempre lo afectará en el futuro. Esto no implica, en ningún caso minimizar el dolor de las pérdidas materiales y sobre todo de vidas humanas. La idea fundamental es que con estos eventos se debe aprender a coexistir y se deben generar los mecanismos adecuados de educación, prevención y respuesta inmediata.

En relación con el caos social post crisis, tampoco parece haber tantas cosas nuevas bajo el sol. Son recurrentes los testimonios de sobrevivientes de los terremotos de Chillán (1939) y Valdivia (1960) en que los saqueadores mutilaban cuerpos para robar anillos, les quitaban dinero, billeteras y joyas a personas heridas, sin socorrerlas; y en diversas oportunidades se llamó al ejército que respondió a balazos estos hechos, como es el caso de los desórdenes del terremoto de Valparaíso de 1906 (que también fue seguido por un tsunami de magnitud). Por otra parte, este hecho social post catástrofe es mundial; basta recordar los efectos de caos social provocados luego del Huracán Katrina, en el país más poderoso del mundo, que demoró muchas más semanas en restablecer el orden (pese a que un Huracán se puede esperar a que llegue y es relativamente predecible en su comportamiento).

Por ello, parece necesario recalcar que esta sorpresa no debería ser tal si como país tuviéramos memoria histórico-ambiental y si el grueso de la sociedad conociera los procesos que se dan en el territorio. En este sentido, la Geografía tiene múltiples respuestas que entregar al país, aunque el país no haya querido escucharla durante casi toda su historia. Por estos oídos sordos el país ha pagado varias veces un costo muy alto

Nuestra condición social y natural requiere urgentemente que exista un conocimiento amplio de la Geografía Nacional, Regional y Local. Que este conocimiento sea impartido y aprehendido profundamente por el grueso de la población. Junto con ello y reconociendo nuestras particularidades geográficas, se deben redefinir las normativas y leyes que condicionen la ocupación humana de algunas partes de nuestro territorio (borde costero, zonas volcánicas, áreas de inundación y deslizamiento de tierras, etc.).

Como ejemplo de lo anterior; es prácticamente incomprensible que las sociedades litorales chilenas hasta hoy no sepan que, independientemente de lo que digan las autoridades y organismos técnicos, si ocurre un sismo de gran magnitud, que impida mantenerse de pie, se debería proceder inmediatamente a ascender a los cerros cercanos por el riesgo cierto de tsunami y se debería esperar varias horas antes de siquiera pensar en volver a la costa. Esto debería ser parte del aprendizaje natural de los habitantes de nuestras ciudades y pueblos costeros y debería ser un acto reflejo, para el que deberían establecerse claramente las rutas de evacuación y los lugares de resguardo. Esto sería conocer verdaderamente el territorio, esto sería Conocimiento Geográfico y Memoria Histórica-Ambiental.

Del mismo modo, el construir viviendas en zonas de riesgo de tsunami o en sectores de mala calidad del suelo, debería estar totalmente prohibido. En este caso, la normativa urbana debería hacerse cargo de esto, de manera tal que cualquier permiso de construcción de vivienda definitiva otorgado en dichas zonas tendría que incorporar responsabilidades penales.

El tema fundamental, en este momento, es permear y convencer, tanto a las autoridades como al la sociedad chilena sobre conocer y asumir que nuestro país está condicionado por un territorio con altos niveles de riesgos naturales.

Si los geógrafos y otros especialistas en ciencias sociales y de la tierra: geólogos, geomorfólogos, oceanógrafos, antropólogos e historiadores, no logramos transmitir claramente los resultados de nuestras investigaciones y de los antecedentes que respaldan la ocurrencia de eventos naturales potencialmente catastróficos, todo será olvidado en poco tiempo y los desastres se repetirán infinitamente. Ejemplo de ello se encuentra en el piedmont de Santiago: el año 1993 hubo un aluvión de gran magnitud en la quebrada de Macul, cuyos efectos llegaron hasta el sector de Gran Avenida y que cobró muchas vidas; hoy en día el sector está totalmente ocupado por viviendas, es decir, no hubo aprendizaje histórico-geográfico y seguramente todos se escandalizarán cuando en las próximas décadas se produzca nuevamente el deslizamiento y cobre vidas y daños materiales.

Por ello, debemos reivindicar con fuerza y con convicción el rol de la educación y enseñanza de la Geografía en todos los niveles. Recuperar el rol de los geógrafos y geógrafas en la toma de decisiones locacionales y de ordenamiento del territorio, promover proyectos legales que prohíban, bajo el concepto del bien común y la protección de la vida humana, la instalación de viviendas en zonas de riesgo natural de diverso tipo; mejorar el manejo de emergencias, co –responsabilizar a las comunidades mediante la educación y capacitación ante eventos naturales y emergencias, aumentar los estándares en construcción antisísmica tanto de viviendas como de infraestructura.

Y por otra parte, los geógrafos y geógrafas deberíamos tener una voz más fuerte y firme en aspectos de integración social. La fractura de clases definida actualmente por la mala distribución de la riqueza seguirá apareciendo periódicamente si no se corrige esta profunda deficiencia. El vandalismo, el saqueo, la delincuencia y la inseguridad, aunque a veces cueste creerlo, se relaciona directamente con los niveles de inequidad social y sobre todo económica que son potenciadas por nuestro modelo de desarrollo vigente. En este punto, la perspectiva social de la Geografía debe fortalecerse tanto en términos de diagnóstico como de propuestas y, en específico, debemos abordar temas poco analizados desde nuestra disciplina, como impuestos territoriales, royalties a actividades de alto impacto, responsabilidad empresarial social y ambiental, entre otras medidas.

Es larga la tarea, para ella se necesitan profesionales con ganas y empuje que sean capaces de conducir los cambios para que esta tragedia que ha afectado a tantos, no se olvide; para que de una vez por todas Chile tenga Memoria Geográfica de su territorio.

Miguel Contreras Alonso
Santiago, Marzo de 2010